sábado, 8 de diciembre de 2007

Las dos religiones parte 1

Hay dos religiones, o dos maneras de relacionarse con Dios: una verdadera y una falsa. Nuestro Señor Jesucristo habló de esto en el sermón del monte, en especial nos enfocaremos en el capítulo 7 de Mateo. Según lo que nuestro Señor ha dicho, los dos tipos de religión difieren en los siguientes aspectos:

1. En la religión verdadera el creyente debe buscar a Dios y pedirle su Santo Espíritu, en la religión falsa el creyente busca a Dios para encomendarse a sí mismo.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra? ¿Y si le pidiere un pez, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas á los que le piden?


Hay dos cosas a notar en este versículo: 1) Que es necesario pedir para recibir; 2) Que Dios está más dispuesto a dar los dones celestiales de lo que está un padre los dones terrenales a su hijo. Veamos cómo difiere esto de la religión falsa. En la religión falsa el creyente acude a Dios para pedir bienes terrenales presentando su piedad o justicia propia como algo que lo encomienda. Así vemos al Fariseo orando diciendo:

Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo (Lc. 18:11,12).


Veamos el contraste con el publicano que oraba junto a él. Dice la Escritura:

Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propició á mí pecador. Os digo que éste descendió á su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado. (Lc. 18:13,14).


En la religión verdadera el creyente acude a Dios en busca de los dones celestiales, en busca de una justicia que él no posee y que no puede fabricar. El argumento del pecador no es su propia justicia, sino su gran necesidad espiritual. En la religión verdadera, si no se pide el Espíritu Santo, o lo que es lo mismo, un nuevo corazón que sea piadoso, no se puede ser santo. Los que practican la religión falsa tienen un concepto muy diferente. Ellos no creen que Dios esté dispuesto a dar este tipo de dones. Ellos ven a Dios como alguien severo, que sólo recompensa con bienes terrenales a aquellos que son piadosos. Sin embargo, veamos lo que dice nuestro Señor acerca de la actitud de Dios hacia los pecadores arrepentidos. Dice que él está más dispuesto a dar que los padres buenas cosas a sus hijos. Los padres, siendo malos (injustos), sin embargo le dan aquello que le conviene a su hijo. Y esto no porque su hijo se haya portado bien, sino porque lo necesita y es su hijo. Los bienes los obtienen los hijos de sus padres por herencia, no por obras. De la misma manera Dios está dispuesto a dar su Santo Espíritu a los pecadores que se lo pidan, y aún más que ellos. El apóstol dice:

Empero sin fe es imposible agradar á Dios; porque es menester que el que á Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. (He. 11:6).

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